|

El primero de tantos conceptos que me aterrizó durante mi visita a Champagne hace algunos años atrás, fue que para las grandes casas productoras lo más importante no está realmente en los viñedos de suelos calcáreos, sino en las bodegas subterráneas, talladas a varios metros de profundidad en la tiza. Allí, donde muy a pesar de cosechas malas y muy malas, buenas o muy buenas, consiguen calidad y consistencia gracias al arte de la mezcla; de mezclar variedades, viñedos de diferentes zonas y, además, uvas de diferentes años. Por esta razón, con extrañeza descubrí que desde hace algunas semanas en nuestro país se encuentran a la venta los vinos de una casa de Champagne que sólo produce espumantes de un mismo año, una excentricidad reservada sólo para las cosechas excepcionales de las grandes casas.
Louise Brison es esta curiosa bodega, y que está en Chile con un Brut 2003 (50% chardonnay y 50% pinot noir a $39.000) y un Millésime Blanc de Blanc 2001 (como debe ser un blanc de blanc 100% chardonnay, a $49.000). Sus precios igualan los estandartes sin año de las grandes casas, como los de Bollinger, Veuve Cliquot o Krug. Una de las herederas de esta intrépida bodega, Elsa Brulez (25 años) vive en Chile desde finales del año pasado, con ella conversamos para entender el por qué de esta excentricidad y/o verdadera ganga.
UN POCO DE HISTORIA
Fue la bisabuela de Elsa Brulez, Louise Brison, quien con su duro trabajo logró mantener y expandir los viñedos de la familia durante y después de la primera guerra mundial en La Cote de Bar. Cuando los abuelos de Elsa heredaron la viña ya tenían cuatro hectáreas bajo la apelación Champagne y como hasta entonces, siguieron vendiendo sus uvas a la cooperativa local. Cuando el abuelo jubiló, en 1990, tres de sus cuatro hijos formaron una nueva empresa, a la que llamaron Louis Brison. Los tres socios sumaban ya siete hectáreas en la AOC Champagne. Su gran sueño: hacer espumantes únicamente de añadas.
Cómo llegó Elsa a Chile es otra historia larga de contar. En resumen, fue a través de Francois Massoc (enólogo de Calyptra) amigo de su padre, quien la invitó a Chile justo cuando buscaba una lugar donde hacer su práctica de comercio internacional. Como no hablaba español, cuenta Elsa con su marcado acento francés, Francoise me dijo “en mi país todos hablan francés po” y yo le creí. “Terminé cinco meses en Calyptra, aprendiendo español y de los vinos chilenos. Y al volver le dije a mi padre creo que en Chile hay mucho por hacer”.

VINOS DE AÑADAS, EN EL REINO DE LAS MEZCLAS
La idea de hacer vinos de añadas en una apelación donde la gracia están en poder mezclar años diferentes para siempre tener calidad excepcional -cuenta Elsa- nace de su padre, quien nunca estudió en las Escuelas de Champagne. Además, agrega, es porque somos enamorados de los vinos de Borgoña.
La lógica de Louise Brison es que un vino en cualquier parte se hace todos los años, porque el vino de terroir, no industrial, siempre tiene mucho sabor. En Champagne, explica Elsa, el estilo de una casa está determinado por la mezcla de años, y esa mezcla hace que los vinos de la misma casa siempre tengan el mismo sabor. "Nosotros no estamos de acuerdo con esto, porque sí tenemos un terroir, una uva y un clima. Cada año sin embargo todo cambia, cada año llueve más o menos, hay más o menos sol y va envejeciendo la viña. Hay años buenos, medios y malos también, así es que el terroir nuestro debe contar una historia distinta cada año. Al final no queremos mentir, queremos ser honestos con lo que nos cuenta la uva".
¿Alguien más sigue esta tendencia de Louise Brison?
Somos casi los únicos, la política de hacer millésime cada año implica mucho más cuidado porque tenemos que tener cierto nivel de calidad. En el 2001 la cosecha no era buena, porque llovió mucho todo el año, la uva no salió bien madura en cada parcela, entonces sacamos más hojas para ventilar la uva y que recibiera más sol. Eso no lo hicimos el 2003 porque fue todo lo contrario, hizo un calor sin precedentes en Francia. Ese año tratamos de guardar las hojas y no cortar la punta del brote para que hubiera más sombra.
Por qué justo están en Chile esas dos cosechas complicadas, 2001 y 2003.
Porque hoy en todo el mundo estamos vendiendo el 2001 blanc de blanc chardonnay, y el 2003 mezcla, es solo una coincidencia. 2001 no parecía tan bueno porque era muy ácido, al escuchar la uva de ese año hicimos 10% de maloláctica, y así suavizamos la acidez naturalmente.

¿Cuál es el argumento para vender algo que lleva la contra a todos los que tienen tanto éxito?
Ese es el argumento, hacer algo que casi nadie hace: champagne de año, con crianza en barrica. Es un champagne de conocedor o que hay que conocer. La pregunta que me hacen siempre en Francia es por qué les da dolor de cabeza beber champagne. Siempre digo; por el ácido tartárico y el sulfuroso. Si se hace un vino que puede guardarse 15, 20 años, ahí tienes un vino muy sano, con todo su ácido málico; si está bueno es porque lleva naturaleza. Lo químico no envejece tanto y lo hace mal.
¿Cómo fluctúan sus precios ante años buenos y malos?
El precio es un argumento, decimos honestamente: “somos viña pequeña pero producto grande, así es que apúrense en comprarlo”. Nos cuesta caro producir, por la barrica de tres a cinco años que se compra a productores de chardonnay en Borgoña, además del costo de la viticultura. Es un vino que tiene la calidad de un Bollinger Grand Anné que vale $100.000. El problema, es que no podemos venderlos lo caro que se merecen, porque nadie los conoce.
¿Cómo has visto o saboreado el mercado nacional de espumantes?
Probé en el 2007, 2008 y ahora en 2009, y me doy cuenta que hay una evolución, pero todavía les falta una gota de un no se qué. Ahora, creo que hay una frontera enorme entre los espumantes chilenos del método charmat el champenoise. Se equivocan al pensar que porque el método charmat da vinos frescos y sencillos, el método tradicional debe dar vinos pesados. Ambos deben tener igual algo fresco; tal vez sí más cuerpo, pero eso no significa madera o burbujas gruesas. Por eso mismo tenemos un proyecto con mi hermana Delphine (actual enóloga de Louise Brison) para hacer aquí en Chile algo semejante a lo que hacemos en casa. Es algo a largo plazo, con la ayuda de Francois y Pedro Parra, estamos buscando dónde valdría la pena invertir.
¿Crees que podrán ser tan buenos vuestros chilenos como los de Champagne?
No soy cerrada de mente, la calidad puede darse en cualquier lugar donde hayan las condiciones, y por eso acá tengo más que la ambición de vender mi champagne... Soy una productora pequeña, y me gustaría que el mundo conociera los vinos de otros pequeños productores franceses que a veces tienen más calidad; que son más honestos, más sencillos como el vino, como la naturaleza. Yo tengo una pasión y me gusta comunicarla, y quiero tomar en mi empresa un poco de todo: apoyarme en el pasado, en mi bisabuela, el terroir que tenemos y a la vez ayudarme del futuro, porque si no tienes ese equilibrio de 50-50 chardonnay y pinot noir que tienen nuestros viñedos no puedes seguir avanzando. Lo ideal para mi es transmitir este mensaje sentados a la mesa, haciendo maridajes, porque el vino no puede existir sin la comida, el vino es vida. Vivimos en una sociedad tan compleja que cuando puedes hacer soñar a las personas con cosas sencillas al mismo tiempo las estás dejando escapar.
Artículos Relacionados
GLOSARIO DE VINOS ESPUMOSOS
|