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VIÑEDOS ALCOHUAZ, VINOS EXTREMOS DE ALTURA

Publicada el 23/02/2017 por Carolina Freire

Fuimos hasta el Valle del Elqui para conocer uno de los proyectos que más dio que hablar en el 2016. Se trata de Viñedos Alcohuaz, con vinos producidos con poca tecnología, que nacen en una zona radical llena de misticismo.



En Alcohuaz, en el valle del Elqui, -zona de uvas pisqueras- Alvaro Flaño junto a su hijo el artista Patricio Flaño comenzaron en 2005 un interesante proyecto para producir un vino diferente, de calidad, con sentido de origen, que viniera de esta zona inhóspita donde el cielo es siempre despejado con una energía embriagadora. Un lugar desolado, donde con suerte se visualizan ovnis, con suelos rocosos y áridos, entre los 1.600 y 2.200 metros de altura, hoy el sector vitivinícola más alto de Chile.


El lugar es un punto energético que se siente. No por casualidad encontraron ahí cuando compraron el campo, en 1996, una gran runa de cuarzo en forma de pirámide, que era para sanación hace 30 años atrás. Esta aún reside y cohabita con los viñedos.


Al principio no fue tarea fácil, pues las radicales y extremas condiciones del sector como la fuerte radiación solar, inviernos con nieve y la altura no permitieron crecer a los viñedos que tenían plantados con Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Carmenère y Merlot. Sin embargo, otras cepas como la Garnacha, Carignan, Syrah, Petite Sirah, Petit Verdot y Malbec se adaptaron bien al lugar. Tras esto y como necesitaban una persona con experiencia en la vinificación de estas parras invitaron a asociarse en 2007 al experimentado enólogo de viña De Martino Marcelo Retamal, quien hace unos años atrás y en su búsqueda de viñedos interesantes en el sur y norte del país, les había comprado Syrah para producir el reconocido vino Alto Los Toros.


Así, juntos iniciaron la proeza de hacer uno de los vinos más extremos del país, con la ayuda y sabiduría de Juan Luis Huerta y su mujer Helia, quienes son el alma del proyecto, y que residen y ejecutan todo desde los inicios de la plantación con mínimos recursos. Por cierto, fue el mismo Juan Luis, administrador del campo, quien hizo el camino para poder llegar hasta los viñedos más altos, desarrolló el sistema de riego sólo usando la presión del agua (sin bomba ni electricidad) y construyó los ocho lagares de piedra (inspirados en unos de Portugal) que hay para fermentar sus uvas a través del pisoneo a pie descalzo, que mitigan la astringencia y taninos de sus vinos.


Acá, en distintos cerros, tienen cerca de 16 hectáreas de parras plantadas sobre terrazas con diferentes exposiciones con un antiguo sistema de conducción conocido como parrón elquino, que permite que los racimos crezcan sombreados por sus hojas con el fin de aminorar la excesiva radiación, pues al estar tan expuestos al sol, la piel de las uvas se vuelve más gruesa, con más hollejo, dando como resultado vinos más rudos y con mucho tanino, por eso el uso de los lagares y la poca maceración, que otorgan más suavidad.


En la parte más alta, a unos 2.200 metros de altura, tienen parras de Garnacha, que soportan  bien estas condiciones, y están apostando por un Carignan, plantado en 2009 en suelo granítico, que en altura aporta aún más acidez. Retamal cree que de aquí puede salir un gran vino, claro, dice, una vez que logre domarlo.



LA BODEGA


En 2010 Patricio Flaño comenzó a dibujar en la tierra la imponente bodega que se mimetiza con su entorno, excavada en el mismo cerro y construida con materiales nobles con barro, roca y madera. Un lugar alucinante inspirado en el universo, en las energías de la zona, en los huevos icónicos, que contienen sus vinos, y en el Rhu, que es la raíz del proyecto, y que tiene que ver con un portal que está entre lo invisible y visible.


Acá conviven los lagares de piedras con huevos de concreto, fudres de madera y Qvevri, las famosas tinajas de greda de Georgia, enterradas y conectadas con la tierra, que serán usadas para macerar con sus pieles las variedades blancas Roussanne y Marsanne, que son muy resistentes a la luz del sol.


Además tienen una sorprendente sala de degustación, que emociona, con una luz y temperatura adecuada. Y como quieren que el proyecto trascienda desde ya guardan muchos vinos de cada añada para inmortalizar una biblioteca que contenga su historia.


En Viñedos Alcohuaz el sueño a largo plazo es convertir este hermoso lugar, con paisajes únicos, en un destino turístico, que contemple una recepción, cocina, tienda de vinos y hotel.



LOS VINOS


La primera cosecha de sus notables vinos (En tiendas El Mundo del Vino), producidos con levadura nativa, fue la 2011 de Rhu, un exponente que esperan que algún día se convierta en un gran clásico o algo así como un Grand Cru. Este es una mezcla de Syrah, Garnacha y Petite Sirah, criado tres años en fudres de madera y el resto en botella. Un vino mineral, goloso, lleno de frutas negras, hierbas y especias. En boca tiene estructura, es intenso, complejo y firme. En tanto, Grus 2014, que es su segundo vino y una delicia, mezcla de Syrah, Garnacha, Malbec y Petite Sirah, guardado en huevos de cemento por un año, es un vino que está listo para beber ya. Fresco y de gran jugosidad con aromas a frutas rojas y a tierra húmeda. Tiene acidez vibrante y taninos sabrosos. Todos los vinos fermentan en lagares abiertos menos la Garnacha que es muy ácida y se va directamente a huevos.


Así lo que comenzó sólo con dos vinos hoy ya suma más novedades. Se trata de unos “vinos de parcela” que vienen de viñedos específicos con guarda en distintos contenedores por cerca de 18 meses. En nuestra visita probamos varias muestras, destacando una deliciosa Garnacha 2015 de viñedos del sector de abajo y de altura que estaba guardada en huevos. Un vino lleno de frutas rojas, con acidez exquisita y taninos aterciopelados. Y un Malbec 2015, criado en fudres, con mucha personalidad, frescura, sabor y expresión.





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