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VERTICAL DE LUJO Y NUEVO INTEGRANTE

Publicada el 03/06/2019 por Carolina Freire

Viña De Martino presentó un nuevo exponente sureño y realizó una interesante cata vertical para entender los distintos momentos enológicos de sus vinos.


Hace unas semanas la viña familiar De Martino, del valle del Maipo, fundada en 1934 y reconocida los últimos años por ser una de las primeras viñas nacionales en mostrar un estilo de vinos diferente al que el consumidor estaba acostumbrado, recorriendo miles de kilómetros para dar con el mejor terroir chileno, realizó una lúdica degustación, liderada por su enólogo Marcelo Retamal, para presentar un nuevo vino y mostrar la evolución que ha tenido la bodega y sus distintos cambios enológicos, reflejado más significativamente el año 2011.


En la ocasión, además, presentaron un nuevo integrante, se trata de un nuevo y sorprendente Chardonnay de alta gama que ya está en el mercado. Un Single Vineyard llamado Tres Volcanes, cosecha 2017 ($19.990), que viene de la zona de Traiguén, en el valle de Malleco, un nuevo foco donde diversas bodegas tienen puesto sus ojos. Su elaboración es simple -dice su enólogo Marcelo Retamal-, ya que se produce de manera muy natural, con uvas enteras y sus escobajos, fermenta en barricas y su crianza es en fudres durante un año y medio, con tostado casi nulo para no interferir en la expresión del vino. Un blanco hecho para vivir en el tiempo y que ya muestra todas las características de la zona, con una nariz austera y gran amplitud en boca. Tiene aromas a fruta y pimienta blanca, durazno blanquillo, cítricos y a cáscara de piña. En boca es firme, untuoso, salino, mineral, con una exquisita acidez jugosa. Un nuevo imperdible.


Respecto a los cambios que venían desarrollando, el año 2011, en el que también hay un mayor involucramiento y protagonismo de los hermanos Marco Antonio y Sebastián De Martino en la viña, quisieron darle un enfoque distinto a la bodega, que tiene que ver más que nada con un estilo de la casa, por eso hubo cambios en la crianza de los vinos, en el trabajo con fudres. No compraron más barricas nuevas y se enfocaron más precisamente en el manejo del viñedo, en intervenir lo menos posible, con cosechas más tempranas, esto con la idea de hacer vinos más frescos, balanceados y de mejor acidez. Al contrario de lo que antes hacían, que eran vinos más tradicionales


Un claro ejemplo de esto pudimos apreciar en la vertical que realizaron de su vino Las Cruces, mezcla de Malbec y Carmenère ($29.990), que proviene de viejas parras del valle de Cachapoal, un field blend (término usado para describir un viñedo en donde conviven varias cepas), en este caso con Malbec y Carmenère, variedades que al momento de la vendimia son cosechadas y producidas juntas, dando como resultado un vino que representa más la expresión o identidad del viñedo que la variedad con que se produce. Antes del 2011 cosechaban y vinificaban por separado y el vino se iba a barrica 100 por ciento nueva.


Un gran giro que quedó demostrado en la cata cuando probamos la añada 2007, que mostró un vino maduro, con taninos rugosos y notas a chocolate y moka, producto de la barrica que usaban en ese momento, muy en el estilo de la época. Al contrario del 2012, donde se nota el cambio, con un vino con una boca mucho más vertical, con nervio, y donde la fruta prevalece por sobre la madera. Esto, claramente, se ve más reflejado en la añada 2016, que destaca por su pureza, con un vino con mucha fruta fresca, envolvente en boca, con taninos finos y sabrosos, más una acidez crujiente.


Mismo caso vimos en su vino Limávida del valle del Maule, que proviene de un viñedo viejo mezclado con distintas variedades como País, Carmenère y Cabernet Sauvignon, predominando el Malbec en un 85%. Las añadas antes del 2012 también se mostraron maduras, con notas evolucionadas, gran diferencia del 2013, un vino de gran elegancia, cremoso, frutal, con taninos frescos y jugosos. Un hilo conductor para las añadas 2014 y 2015, versiones deliciosas, que muestran una gran expresión, redondez, frescura, notas herbales, a flores, frutas y acidez punzante.


Con su reconocido Vigno ($29.990), del valle del Maule, sucedió lo mismo. Probamos desde su Carignan 2008, que en ese entonces era 100 por ciento barrica nueva, bien maduro y licoroso, hasta el 2016, con un vino con gran sentido de lugar, que tiene mucha tipicidad, jugosidad y taninos frutales.


Como ven la viña antes hacia un estilo de vinos más tradicional, usaban mucha madera nueva, tenían un estilo más bien maduro, siguiendo la moda de la época. En cambio hoy, De Martino quiere que trascienda el estilo de la casa, con vinos que a ellos siempre les ha gustado tomar, y que el liderazgo sea tanto de los hermanos como del equipo enológico, con un mayor involucramiento tanto en el viñedo como en la bodega, con vinos 100 por ciento de terroir. Lo que quieren mostrar es una interpretación de un Chile más diferente, donde el viñedo es el importante, pues creen que los componentes juntos están por sobre la variedad. En resumen, vinos con más sentido de lugar, donde el concepto es poner en la botella un paisaje reflejado por una añada en particular, con vinos fáciles de tomar, donde se respetan las zonas y el terroir.

 

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