Columna de Opinión
Carlos Pino

LO ECOLÓGICO LLEGÓ PARA QUEDARSE

Por: Carlos Pino / Colaborador

Hace 20 años hablar en Chile de sistemas productivos agrícolas ecológicos en el ámbito de la agronomía, era de hippies, casi contradictorio. Cómo iba a ser producción y además ecológica. No sonaba bien. Lo mejor era un sistema convencional, con harta carga de químicos sintéticos, monocultivos altamente productivos, cero malezas. Era lo que permitía alta rentabilidad y por lo tanto, lo que se enseñaba en las universidades y lo que la mayoría de los agrónomos y técnicos debían conocer en su formación profesional. 

Sin embargo, esta percepción respecto a lo ecológico empezó a evolucionar en nuestro país lentamente. Primero por que desde Europa y Estados Unidos, esto venía emergiendo y por lo tanto se veía un mercado nicho interesante de abordar, considerando además las ventajas climáticas chilenas en la zona central, con bajas precipitaciones en el período estival, menor presión de pestes y un modelo agroexportador creciente. 

El primer paso se dio asociado a un modelo de desarrollo sostenible, que a fines de los años ochenta fue declarado desde las propias Naciones Unidas a partir del "Informe Brundtland", el cual incorporó un concepto antes no abordado. Se trataba de asumir la importancia de generar el desarrollo satisfaciendo las necesidades de las generaciones actuales, sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. Esto, en la práctica implica unir dimensiones económicas, ambientales y sociales de manera equilibrada con una mirada de futuro, en todo aquello que se considere sustentable o sostenible. 

Este hecho, que para algunos no era más que generar un puente entre un mundo impulsado por el consumo y el capital y un grupo de ecologistas conscientes del impacto negativo generado al medio ambiente y a las personas, ha sido determinante en un cambio de mirada y también de consumo; primero en el hemisferio norte y luego en aquellos que abastecen a estos mercados y que exigen no sólo calidad, sino productos lo más libres de contaminantes posibles

En paralelo a todo esto de la sustentabilidad, se comenzaron a generar normativas en distintos países para regular lo que era o no era ecológico, siendo la idea principal que se obtuvieran libres de sustancias sintéticas y tóxicas, con el menor impacto ambiental posible y cuidando la salud de quienes trabajan en el campo; enfocado principalmente a alimentos frescos, pero también a productos elaborados, bebidas y textiles de manera de garantizar al ciudadano común lo que realmente están consumiendo. 

Primero en Europa, denominándose “Ecológico” para aquellos de habla germana, “Biológico” para Francia e Italia y “Organic” para los de habla inglesa, cuestión que luego se traspasa a Estados Unidos y a Latinoamérica como Orgánico. En Chile está normado desde el año 2006, por la NCh. 20.089. Impactante!!! de hippies a normados.

Bueno y qué tiene que ver esto con el vino. Mucho, pues se viene produciendo desde 4.000 años antes de Cristo, comenzando en la región del Cáucaso pasando por Egipto hasta Galia y de España a Chile. Cultivándose la vid y produciéndose vino por miles de años antes de que existiese el primer agroquímico, antes de ser sustentable o ecológico. 

Hoy en Chile hay más de 4.500has de Viñas orgánicas, concentradas principalmente en la zona centro sur, desde allí se producen Vinos Elaborados con Uvas Orgánicas, que se exportan en más de un 90% principalmente a Europa y Norteamérica. Si bien es cierto que no todos saben hoy lo que es un producto orgánico, muchos comienzan a conocerlo, ya no como un producto de calidad dudosa, producto del ecologismo o de no hacer nada en el campo, sino de productos que se generan desde valles recónditos del Maule hasta los prestigiosos valles de Casablanca o del Maipo. 

Valles que permiten obtener vinos que deben llenarnos de orgullo pues, nacen desde lo más profundo de nuestras tradiciones, con la férrea convicción que este planeta es la casa de todos, que debemos cuidarlo y que no solo hablamos de alimentos para satisfacer necesidades básicas, sino también espirituales, así como empezó el vino asociado a Osiris entre los Egipcios, Dionisio entre los Griegos y Baco entre los Romanos. Hoy desde Chile podemos decir SALUD!!! Por que el vino orgánico llegó y llegó para quedarse.

Mas adelante, en este mismo espacio les hablaré  de las diversas actividades realizadas en Chile y el mundo en torno a la vitivinicultura orgánica y a la importancia de las bases agroecológicas para que este rubro no se desarrolle solo en base a un mercado nicho. Sino en torno a una visión holística que permita entender el sistema como un todo, desde el viñedo y la gente que lo maneja, pasando por el biodinamismo hasta el consumo de vinos orgánicos.


Carlos Pino Torres es Ingeniero Agrónomo de la  Universidad Católica de Valparaíso. Obtuvo su Maestría en Agroecología y Desarrollo Rural Sostenible en la Universidad Internacional de Andalucía con su Tesis en "Sostenibilidad de viñedos orgánicos". Actualmente es académico de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Católica del Maule y desarrolla numerosos proyectos de investigación en producción orgánica centrados en agroecología, control biológico y manejo de pestes, nutrición y cultivos de cobertura, compostaje y biodiversidad funcional. Desde 1998 asesora proyectos en vitivinicultura orgánica. 

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