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Uno de los fenómenos más alucinantes, expansivos y poderosos de los últimos tiempos, incluso más que la fuente inagotable de ocio que es YouTube, ha sido la influencia que comenzaron a ejercer los blogs, tribunas personales, espontáneas y desprejuiciadas de seres muchas veces anónimos, pero por primera vez protagónicos en una plataforma válida y de alto tráfico. Y es que Internet es un mundo paralelo, donde no se necesitan votos sino “hits” para conquistarlo. El más visitado gana, así de simple. Y los gobernadores de este planeta digital han logrado desarrollar una nueva democracia, quizás de las más puras que existen. Sí, porque cada uno puede ser su Rockdelux o su Wine Spectator personal. Un blog es eso: un diario personal, un espacio de colaboración, una bitácora de viaje digital. Un estrado político. Una fuente de noticias impactantes. Una colección de vínculos. Un medio para expresar opiniones personales, actualizadas a diario y en forma íntima y relajada por una persona común y corriente. Y unos con más apetito que otros, han hecho que la gastronomía ocupe un importante ministerio.
Los más perceptivos y a la vez influyentes bloggers culinarios son los estadounidenses. Pero en habla hispana, y por lejos, son los españoles los que van por una segunda conquista. Ejemplos hay muchos, pero los que significan un mayor aporte son, por un lado, el Gastrónomo Furioso, un tipo astuto y deslenguado quien nos revela sus pataletas culinarias, además de darnos datos tan bizarros como el método para cocinar un huevo duro con la irradiación de dos teléfonos celulares; El Pingüe Gourmet –cocinero vocacional, profesor ocasional, amo de casa a tiempo completo–, quien desde La Coctelera nos avisa con preciosa sensibilidad lo que está pasando a su alrededor, con fotos pocket pero muy bien logradas, apetitosas y coloridas, además de relatos viajados y divertidos; Directo al Paladar, algo así como una cooperativa de escritores hambrientos que se unen en esto de comer y comentar, de probar y provocar, para llenarnos de buenos datos y notas sobre tendencias culinarias, nuevos chefs, accesorios, recetas; y Cocinalia, un sitio fresco y actual, firmado por Sao Mai, que nos lleva hacia su selección personal de libros, sitios y recetas, pero también nos prepara un buen cóctel de datos prácticos, como los diez usos alternativos del café. Fuera de esa comarca, el blog venezolano Mil Sabores, que este año logró sacar su versión papel, tiene los fogones más vivos. Firmado por la caraqueña María Luisa Ríos, combina graciosamente experiencias de cocina y vinos, casi por partes iguales, con amor por lo latino que se saborea auténtico.

En Chile siguen siendo pocos, y quizás el más relevante sea el que mantiene el periodista especializado Carlos Reyes en , con información nutritiva generada, principalmente, desde la Quinta Región, a estas alturas sus dominios más subyugados y donde es voz y autoridad casi monárquica. Lo de Reyes es la experiencia, vista como un crítico, y la reproducción más íntima de sus andanzas saporíferas. Información confiable, con buena pluma y fotos a la altura. Y cómo dejar fuera a los guerrilleros de los sabores, a los talibanes de la restauración: La Buena Vida, un grupo de amantes de la cocina que hoy es de temer, pues publican sin prejuicios y con total soltura –y también poca vergüenza– lo bueno, lo malo y lo feo de todo lo que pasa por sus bocas, generando –y en serio– debates de gran calibre (algo así como lo que pasó con el Sushi en el foro de Planetavino, pero día a día). El grupo La Buena Vida, o LBV, lo compone un grupo mixto, entre dueños de restaurantes, banqueteros y amantes de la cocina, y hoy son una buena referencia de opinión sensorial. Otro que hizo buen debate y dio buena crema es Observación Gastronómica, del cocinero Carlos García. Hoy un poco dormido –sus posts son cada vez menos frecuentes, y suelen ser sobre el nuevo sueño del chef, su restaurante Fábula– la observación sigue ahí y, lo mejor, es que tiene a la mano las reseñas antiguas, muy buenas y atinadas, de todo lo que rodea eso de “cocinar con aliño y comer y beber con gusto”.
Todos estos blogs, si bien son distintos y abordan la gastronomía desde los ángulos más diversos e impredecibles, tienen algo en común: manejan un inusual círculo de influencias, y me atrevería a decir que incluso han sido capaces de generar alguna compra compulsiva o modificar ciertos hábitos de consumo. Incluso cada uno de ellos, en su estilo, de seguro ha cambiado la percepción que los lectores tienen frente a ciertos lugares o productos, cocineros o estilos. Los bloggers culinarios, como se ve, son una raza cada vez más amplia y contundente, por lo que es muy probable que incluso en Chile sean mirados con otros ojos y se les venga encima, quién sabe, un nuevo formato publicitario o un nuevo modelo de economía, tomando en cuenta que ya lograron un primer y más importante paso: establecerse como la New Media más válida fuera del mainstream. Buenas intenciones para una nueva república: la del sabor.
Observación Gastronómica
Gastrónomo Furioso
Directo al Paladar
Pingüe Gourmet
La Buena Vida
Mil Sabores
Uno Come
Cocinalia
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