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Esta tarde se presenta en el Mundo del vino de calle Isidora Goyenechea el Clos de Lolol 2003, el blend tinto que en su segunda cosecha ya ha dejado muy buenas críticas gracias a su fruta roja, vibrante, y un cuerpo que cautiva más por su elegancia que por su voluptuosidad. Para conocer más detalles sobre su origen conversamos con el joven francés Guillaume Martineau, quien tras su paso por Chateau Cheval Blanc (1er Grand Cru Classé A de Burdeos) es, desde hace tres años, enólogo en jefe de Hacienda Araucano, un trabajo que lo tiene viajando varias veces al año por sobre la Cordillera de los Andes, ya que también le tiene a cargo de los vinos que la dupla de los hermanos Francoise y Jacques Lurton están produciendo en Argentina y Uruguay.
Guillaume, en los tintos de Lurton -incluyendo a Clos de Lolol ($8.500)- suele haber elegancia en lugar de potencia, ¿ves esta tendencia producto de la influencia francesa?
No, no es venir de afuera y repetir el esquema francés, no vale la pena ir tan lejos para repetir. Cuando vamos a una nueva zona tratamos de entender y adaptarnos con nuestro saber, por suerte tenemos una experiencia larga. Jacques y Francoise son enólogos y viticultores desde cinco generaciones, eso nos permite entender las cosas más rápidamente y tratar de adaptarnos a las condiciones de clima y cepas. Pero es cierto, hay un objetivo, donde sea, que es conseguir elegancia. Para nosotros eso es muy importante, y eso se logra con el equilibrio entre acidez y azúcar, entre los compuestos fenólicos y los taninos; en un equilibrio en el color. Por eso no queremos nada súper maderizado, que haga perder el equilibrio, o demasiado estructurado que pierda la elegancia. Puede ser que para unos eso se interprete como una influencia francesa, eso no lo sé.
¿Se puede decir que Clos de Lolol es el primer vino de origen de Lurton en Chile?
Es verdad, se quiso hacer puramente de Lolol, no de Colchagua que es más grande, entonces se puede decir que es nuestro vino representativo.
¿Cuál fue la razón de su mezcla, 60% cabernet y 40% carmenère?
Queríamos hacer un blend de Lolol y las frutas que teníamos eran cabernet y carmenère, entonces no teníamos más que pensar. Lo que sí es que este vino puede tener más variedades en el futuro, que evolucione y que si se justifica entre a la mezcla un syrah que tenemos de Lolol. Queremos sacar un blend que sea lo mejor de Lolol.
¿Qué te gusta a ti del clima o del terroir de Lolol?
Primero que tiene el mismo clima durante seis meses, invariable y con sol, y eso es genial para la curva de crecimiento. La cosecha entonces es muy fácil, porque no tenemos torpeza. Además veo que hay una amplitud térmica interesante, al mediodía puedes tener mucho calor, pero durante la noche hay un frescor que permite a la planta recuperarse y no hay estrés. Luego, el mes de abril, como en todas partes es significativo, si empiezan las lluvias puede ser complicado, pero en las tres cosechas que llevo acá no ha habido nunca problemas y siempre alcanzamos la madurez que buscamos.
¿Cuál variedad crees que tiene más potencial en Lolol?
En el valle de Colchagua tienes situaciones son muy distintas y muchas variedades posibles de desarrollar. Incluso si tomas solamente Lolol tienes unos cerros donde se puede plantar a más altura y con más frío; ahí hay un potencial para otras variedades más frías, y podrías plantar sauvignon blanc. De nuestra experiencia tenemos muy buenos resultados con el cabernet y con el carmenère, incluso hemos pensado y aprendido que se puede hacer un gran vino 100% carmenère. Al final no hay muchas variedades que puedan hacer un gran vino al 100%. El carmenère nos dio la impresión que tenía un potencial en Lolol y muy cerca de allí, y de esos ensayos sacamos Alka, nuestro top premium, que es 100% carmenère.
¿Pero Alka no es sólo 100% Lolol, o sí?
Es casi un 100% Lolol, pero a veces puede tener algo de Colchagua. Lo que pasa es que de repente tienes diferentes orígenes y tienes una cuba que sale muy bien, que es especial, y que si la usas en tu corte te viene muy bien.
Supe que tienen pensado construir una nueva bodega en Chile, ¿dónde sería?
La primera bodega era chica, ahí trabajamos todos los productos top, pero gracias a Dios tenemos más volúmenes y los estamos trabajando con servicio de otras bodegas. La nueva queríamos también hacerla en Lolol, pero no en el mismo terreno.
Después de estos tres años de trabajo en Chile, ¿ves algún cambio de dirección en tu enología?
Diría que estamos buscando terrenos para plantar cepas frías más cerca del Atlántico, donde tienes mucha diferencia de climas, pero también que estamos mirando afuera de Lolol, porque hay que tener un espíritu más abierto.
¿Quiere decir eso que de alguna manera están consolidados con los tintos pero en deuda con los blancos?
Sí, puede ser. En Casablanca estamos comprando uva espectacular, pero vale la pena mirar y escuchar. Es cierto que hoy el sauvignon blanc en Colchagua casi no existe, y vale la pena hacer ensayos en lugares que pueden resultar. Hay mucho todavía para estudiar y analizar.
Sé que es odioso comparar, pero no puedo evitar preguntártelo, ¿cómo diferenciarías los vinos de Chile versus los de Argentina?
Sí, no me gusta comprar, hay un poco de competencia como países vecinos que son y eso es normal. Siempre digo que en los dos hay muy buenos vinos y potencial, pero con resultados muy distintos. En los cabernet de Chile, por ejemplo, puedes llegar a tener esas notas de mentol y eucalipto que traen frescura al aroma, pero a la vez si no hay un manejo adecuado puede que la uva quede verde. Mientras, en Argentina, es al revés, es más fácil llegar a una madurez más avanzada, pero raramente vas a encontrar las notas de eucaliptos que caracterizan a los cabernet chilenos, esta nota aromática tan bonita y simpática.
¿Podrías decir entonces que en Chile tenemos más el peligro de tener vinos verdes, mientras en Argentina corren más bien el peligro de tener vinos demasiado maduros?
Sí, exactamente.
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