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LA MAGIA DE MEZCLAR
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Un poco de esto y un poco de aquello. Mezclar variedades en una botella es buscar complejidad y estilo. En otras palabras, construir un vino único potenciando cepas.

A pesar que actualmente el mercado mundial esté prácticamente plagado de varietales, es decir, vinos a partir de una cepa específica, no es menos cierto que una tendencia que hace tiempo es revisitada por cada vez más productores del Nuevo Mundo es la de mezclar, o assemblage como la llaman los franceses. ¿Pero porqué se hace esto?

Tras la idea de mezclar cepas se esconde la intención de potenciar las cualidades de cada una para mejorar el resultado, buscar originalidad y construir un vino único e irrepetible.

Tomando como ejemplo los vinos tintos del Médoc, vemos que ellos siempre combinan distintos tipos de uvas cuya proporción depende de las características de cada año o cosecha. Usan como base la fuerza, el cuerpo, la expresión especiada del cabernet sauvignon, pero lo tranquilizan con la amabilidad tánica y las notas frutales del Merlot. Por un lado fuerza, por el otro la suavidad. La mezcla está hecha.

Otro ejemplo clásico es la combinación de cepas que hacen en Sauternes, la región francesa productora de los vinos dulces más apetecidos del mundo. Allí se usa como base la fuerza del sémillon junto al poder aromático del sauvignon blanc obteniendo una mezcla precisa entre potencia y delicadeza, clave en la personalidad y en el envejecimiento de estos vinos gloriosos.

Pero también hay combinaciones de cepas en vinos más sencillos. Por ejemplo, si en un año determinado las condiciones climáticas no fueron las óptimas para obtener buena concentración en un syrah que en teoría es varietal, es probable que el enólogo se sienta tentado y agregue algo de cabernet sauvignon para dar más fuerza. La ley es distinta según el país del cual se trate. En Estados Unidos si la etiqueta dice Merlot, al menos el 80% del vino debiera ser de esa variedad. Lo mismo en Chile, mientras que en Argentina se pide un 75%.

Sin embargo, hay grandes vinos que se hacen sólo con un tipo de uva. Los riesling de la Mosela o del Rheingau, los chardonnay y pinot noir de la Borgoña, los brunello de Montalcino. Allí la distintividad está dada más bien por el sector en donde crecen sus uvas y las condiciones que en él imperan. En Pommard, una zona en Borgoña, sus pinot noir son conocidos por la potencia mientras que en Beaune hay menor concentración de gusto a fruta.

Una última consideración en este tema es que no se debe confundir el assemblage con el coupage. Este último se relaciona con la mezcla de vinos ordinarios que provienen de zonas distintas. Mientras que el meritage de los norteamericanos, es similar al assemblage y se refiere a la mezcla clásica de los vinos de Burdeos.

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