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La materia prima para la fabricación de corchos es el alcornoque (Quercus
suber), un árbol que ha sido utilizado en Portugal desde hace siglos para la
Elaboración de este implemento. Es también ese país el más importante productor de alcornoque concentrando el 50% del volumen mundial y allí también se encuentran las fábricas más grandes y renombradas.
El proceso para obtener un corcho es lento. Se necesitan entre 20 y 30 años, dependiendo de las condiciones de crecimiento, para que el alcornoque forme la primera capa en su tronco conocida como capa macho, demasiado dura e irregular para ser usada. Es un ensayo de la naturaleza, una prueba fallida. 10 a 15 años más tarde la primera cosecha de corcho puede ser empleada en la fabricación.
Los recolectores cortan cuidadosamente esta corteza y el proceso se inicia dejando reposar las planchas por al menos ocho meses al aire libre. La lluvia, el viento y el sol las secarán lentamente y además permitirán que pierda la savia, sales naturales y gran parte de los taninos. Luego de ese tiempo de reposo, las planchas deben ser cocidas en agua hirviendo para ser desinfectadas y adquirir su elasticidad característica. 3 o 4 semanas de descanso son seguidas por una atenta selección según su calidad y su espesor para finalmente cortarlas con la forma y el tamaño de un corcho como lo conocemos.
Esos corchos en potencia deben ser lavados y esterilizados, luego nuevamente
seleccionados según su calidad (en forma electrónica primero, y luego bajo la mirada del ojo
humano) y finalmente estampados con el nombre del productor y del embotellador. 15
años más tarde el árbol del Alcornoque estará listo para entregar una nueva
corteza. Ese es el caso de los corchos de alta calidad, parejos, sin defectos
y que no necesitan de arreglos. Aquellos que tienen demasiados orificios forman
parte de una segunda selección que se debe someter a un proceso de ajuste. Los
pequeños orificios son rellenados con polvo de corcho que se adhiere gracias a la ayuda
de un pegamento. Los demás, los menos bendecidos por la perfección de la
naturaleza, forman parte de la tercera selección: los corchos aglomerados constituidos por
restos que se amoldan y se adhieren con pegamento que no afecta el sabor del vino.
LAS BONDADES CORCHERAS.-
Por mucho tiempo se pensó que el corcho servía solamente de tapón. Se reconocía, eso sí, su elasticidad que es vital para adherirse a las paredes del gollete, pero no se sabía mucho más.
Hoy, sin embargo, se están estudiando una serie de factores que elevan al corcho y lo dignifican. Incluso lo hacen insustituible, sobre todo en el proceso de envejecimiento de los grandes vinos. Veamos. Primero es importante saber que el desarrollo del vino en botella
está determinado por fenómenos de oxireducción, es decir, por esas pequeñísimas
cantidades de oxígeno que penetran en el vino y que lo transforman. Se ha determinado con
certeza que un ambiente totalmente reductor (sin oxígeno) el vino tarda demasiado en
transformarse y que el resultado no es el mejor.

¿Cuál es el papel del corcho? Simple: su imperfección. El corcho no se adhiere perfectamente a las paredes del gollete, dejando el espacio exacto para que ingrese el oxígeno necesario. Esa cantidad es tal que no alcanza a oxidar el vino. Se puede asegurar -dice Yves Glories, decano de la Facultad de Enología de Burdeos- que el corcho funciona como una membrana semi-permeable que distribuye el oxígeno en el vino cuando éste lo necesita. Pero el proceso
no sería posible si no hubiera un catalizador en acción, un vehículo que transporte y que permita que el oxígeno interfiera en el desarrollo del vino. El catalizador del que hablamos son los taninos del corcho, que no se parecen a los de la uva sino que son los mismos que los de la madera: taninos elágicos que junto al oxígeno transforman lentamente al vino y lo potencian. El bouquet, la suavidad de los taninos y la transformación de los sabores son algunos de los resultados de este proceso.
La calidad de los corchos está determinada, como vimos, por la calidad original de la plancha desde donde nació. A menor cantidad de imperfecciones (pequeños orificios) mayor es la calidad del producto. Además, mientras menor cantidad de lignina (una sustancia que disminuye la elasticidad) mejor será la adherencia. Y, finalmente, mientras mejor sea la guarda del corcho terminado (en un lugar seco, a temperatura constante) y menos cloro se use cuando se limpia, menor será la posibilidad de que acorche los vinos.
En proceso de estudio está en estos momentos la influencia aromática del corcho y, por el momento, se ha descubierto que los aromas a vainilla de algunos vinos tintos pueden ser en parte originados gracias a él. El lado oscuro Pero hay que ser honestos. Vinos acorchados hay
en todo el mundo y hasta en las mejores familias. ¿Por qué sucede eso? En 1980 un
científico suizo llamado Henri Tanner identificó la molécula aromática responsable del
gusto a corcho: el 2,4,6-trichloroanizol, más conocido como TCA, tan poderosa que en mínimas cantidades es capaz estropear una botella.
El TCA proviene de la transformación de su precursor directo, el 2,4,6-trichlorophenol (TCP si
prefieren) por la acción de la humedad, pero éste no es un componente natural del
alcornoque, sino que puede producirse en grandes cantidades al momento del lavado de los
corchos con cloro. Si el lavado, el secado y, sobre todo, la guarda se hace mal, la
humedad que queda permite la formación de TCA. ¿Qué hay que hacer ante esto? Simple,
un vino acorchado es un vino que se debe devolver. No hay razón para que se
sacrifiquen y tengan que beberlo puesto que es un error y ustedes no han pagado por errores. El corcho, el noble y sencillo corcho, tampoco tiene la culpa. El único al que hay que culpar es al fabricante. ¿Pero cómo reconocer un vino acorchado? Difícil de explicar con palabras, pero podemos decir que es un olor mezcla de humedad y del característico aroma a corcho.
Esta nota bastante desagradable tapa toda la fruta del vino. Para comprobar si un
vino está acorchado, sólo bastaría olerlo. Si no están seguros, pruébenlo.

LO QUE DICE EL CORCHO.-
La información que entrega un corcho es muy importante. Si está mojado por el vino, si el vino lo ha teñido por completo, es probable que se trate de un corcho que ha estado por largo tiempo en contacto con el líquido.
Si, además, al quitarlo está deforme eso quiere decir también que ha estado años apretujado en el gollete. Si al descorcharlo se desintegra o, al apretarlo entre sus manos se deshace, puede significar que la calidad no era la indicada.
Es importante el largo de un corcho porque, en teoría, el vino tardará más tiempo en humedecerlo por completo y hacerle perder su elasticidad, pero más importante es que sea compacto, que sin abandonar sus cualidades elásticas, sea firme.
En todo caso, los grandes vinos del mundo usan corchos largos, perfectos. Vean si el corcho que acaba de salir de la botella no tiene orificios y si sus paredes son planas. Manchas opacas significan que allí había un hoyo y que fue tapado con polvo de corcho lo que delata su segunda selección.
Vinos corrientes usan corchos pequeños y, por lo general, aglomerados que al corto tiempo se deshacen. El vino los ataca, el pegamento pierde su potencia y, los miles de restos de alcornoque con que fue hecho, se separan.
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